domingo, 18 de diciembre de 2011

Trasero latino "feeling pretty": JLo en sus comienzos

Estos días he tenido que analizar el mercado de los tangas en el sector ropa de baño. Ha sido fascinante. He aprendido que el trasero de la mujer es el emblema de la feminidad latina pero el tabú de la mentalidad anglosajona.

Todo comenzó con Jennifer López en 1995. A diferencia de la mayoría de las actrices puertorriqueñas nacidas en Estados Unidos, Jennifer pudo jugar en los márgenes: ni muy oscura ni muy blanca, personificaba la belleza boricua* ideal sin llevar el sello puertorriqueño en la frente. Y no lo llevó por motivos estratégicos: para una boricua es mucho más conveniente identificarse como «latina», ya que los puertorriqueños tienen menos influencia institucional y población en EEUU que los mexicanos.

Por eso la identificación de López con lo latino nunca ha sido en base a su nacionalidad sino en base a su cuerpo: curvilíneo. Un cuerpo considerado abyecto según los estándares americanos de belleza, valor y decoro. "En mis películas, yo siempre había sentido que la gente de vestuario me miraba un poco disgustada e inmediatamente trataba de entallarme con cosas que escondieran mi trasero. Lo sabía. Ellos no lo decían, pero yo lo sabía."

Un momento clave en la estrategia de asociar latino a curvilíneo fue la entrevista a JLo en el programa Cristina. La pregunta principal de la noche finalmente llegó: "¿Todo esto es tuyo?". En otras palabras, ¿es ese enorme trasero tuyo? López no pareció ofenderse. Es más: sonrió, se levantó, dio una vuelta de 360 grados, se dio una palmadita en el trasero, y se sentó triunfante: «Todo es mío».
Tras esto, la compulsión de López de hablar sobre su trasero en entrevista tras entrevista, constituye una venganza de la fobia anal anglosajona. La manifestación de López fue una triple guerra simbólica contra la exclusión: «mostrar el culo» como una señal de orgullo; «bésame el culo» como una forma de venganza contra una mirada cultural hostil; y «te voy a meter una patada por el culo» para contrarrestar la explotación económica implícita en el racismo. Por tanto, La compulsión de López a hablar sobre su trasero no fue una fijación estrictamente narcisista sino un «modo de defensa».

¿Por qué un trasero grande resulta tan perturbador para tantos estadounidenses en posiciones de poder? Un gran culo resulta perturbador de las nociones hegemónicas (blancas) de la belleza y el buen gusto porque es un símbolo del oscuro e incomprensible exceso del latino, así como de otras culturas de la diáspora africana: exceso de comida (desenfreno), exceso de excremento (sucio) y exceso de sexo (pagano) son sus signos vitales. Un gran trasero latino es, además, una invitación abierta a los placeres interpretados como ilícitos por las ideologías WASP (blanco, anglosajón y protestante, por sus siglas en inglés), heteronormativas, y símbolo de los tres vectores mortales: miscegenación, sodomía y una dieta alta en grasas. Adiferencia de los pechos, que son funcionales, los traseros grandes no tienen moral, no cumplen ninguna función simbólica en el seno familiar y carecen de utilidad en la reproducción.
 
Tras esto, parecía claro que el gran trasero latino había llegado para quedarse, sentándose en su trono con todos los derechos, completamente consciente de su potencial erótico y de su estatus de mercancía. Y que el trasero latino, como dicen Leonard Bernstein y el artículo del que he sacado toda esta información, estaba "feeling pretty".


 
*boricuo=puertorriqueño

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