martes, 7 de febrero de 2012

Los zapatos de Cristina de Kirchner no valen más que mis New Balance

Este post va de cómo me compré mis primeras New Balance y de cómo sólo el Coeficiente de Consumismo podría desmerecerme frente a los 110.000 dólares que se gastó Cristina de Kirchner en 20 pares de Louboutin.

En el año 1993 se pusieron de moda las New Balance en mi ciudad. En mi colegio apenas las llevaba nadie, pero mi amiga Rebeca y yo se las veíamos a todos los que molaban de verdad en el barrio. Es decir, a todos los que no iban al colegio.
Yo me volví loca por el modelo 576 en blanco y morado. Tenía que ser ese. Eran mis colores (entonces yo era del Real Madrid) y era EL modelo. Y digo EL modelo pq era EL que había. El único que nos llegaba de Inglaterra.
Intenté que mi madre me las comprara pero fue en vano. Apenas había avanzado el derecho de los adolescentes a ser caprichosos. Al final tuve que ahorrar... y ahorrar... y pedirle prestado parte del dinero. Y me las tuve que comprar dos tallas más grandes, porque no eran para niñas.
No importó: iba con unas barcas, pero feliz. Endeudada, pero con mis 576.
Al principio apenas me las ponía para no ensuciarlas (y porque se me resbalaba el pie) pero fue la primera (¿y única?) vez que me identifiqué totalmente con algo no-humano.

En resumen, mi Coeficiente de Consumismo fue de "1+" con esta compra: el 100% de todo mi dinero (ingresos, ahorros) + el endeudamiento con mi madre.

En septiembre de 2011 Cristina de Kirchner viajó a Nueva York para la Asamblea General de las Naciones Unidas. Durante su visita se gastó 110.000 dólares en 20 pares de Louboutin.
No sé si estuvo ahorrando toda la primavera y verano de 2011, si consultó catálogos y se metió en la tienda online de Louboutin para ver modelos, si llamó para reservar su talla, si incluso claudicó con su color preferido por haberse enamorado de un modelo disponible sólo en negro o si se perdió alguna conferencia importante para poder estar más tiempo en la tienda...

... pero no creo que su Coeficiente de Consumismo llegase a 1. No creo que nadie le tuviera que prestar dinero. No creo que se volviese al hotel andando (y con esos tacones!) por no tener dinero para un taxi. Que me escriba ahora mismo y lo desmienta, pero yo digo que su Coeficiente de Consumismo no llegó a 0,5 (la mitad de todos sus ingresos+ahorros).

Dejando al lado estos dos ejemplos tan extremos, lo que vengo a defender es que las marcas no sólo premien a los grandes gastadores sino también a los que se gastan una pequeña cantidad en las marcas que aman, pero que en proporción supone un mayor esfuerzo.


Las mías no tenían el relieve ni la chapita dorada pero, por lo demás, así eran

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